Mientras dormís, la piel aumenta su permeabilidad, sube su temperatura y acelera la renovación celular. Es el momento óptimo para aplicar activos que traten problemas reales: manchas, arrugas, acné, textura.
La rutina PM puede ser más elaborada que la AM, pero tampoco tiene que ser complicada.
Doble limpieza (si usaste protector solar o maquillaje):Primera limpieza: aceite limpiador o bálsamo para disolver protector solar, maquillaje y sebo. Segunda limpieza: limpiador de agua (gel, espuma o leche) para retirar los restos. Si no usaste protector solar ni maquillaje, una sola limpieza es suficiente.
Tónico (opcional pero efectivo): No el tipo con alcohol que reseca. Un tónico hidratante o con ácidos suaves (AHA, PHA) prepara la piel para absorber mejor lo que viene después. Una o dos palmaditas, sin frotar.
Sérum de tratamiento: Acá va el activo que más necesitás: retinol para antiage y textura, ácido glicólico para manchas, niacinamida para poros y grasa, péptidos para firmeza. Solo un activo fuerte a la vez al principio.
Hidratante de noche (o crema oclusiva): Más rica que la de día. Sella todo lo anterior y evita la pérdida de agua transepidérmica. Piel grasa: gel-crema ligero. Piel seca: crema densa o aceite facial encima del hidratante.
⚠️ No mezcles esto de noche: Retinol + ácidos (AHA/BHA) en la misma noche = irritación asegurada. Empezá con uno solo y cuando tu piel lo tolere bien, podés alternarlo en noches distintas.
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